domingo, 28 de diciembre de 2008

Vivencias - Cinco años sin Sara

Una AMIGA con Mayúsculas

26 de Diciembre del año 2003. Suena mi móvil y veo en la pantalla que es Isa Sevilla. "¡Hola Isa! ¿Qué tal todo?". "Pues te llamo para contarte una mala noticia. ¿Estás sentado?" me pregunta. Yo me temo lo peor, algo horrible, y me empiezan a temblar las piernas. "¿Qué pasa, Isa?". Se hace un breve silencio en el que Isa respira, que a mi se me hace eterno."Se ha muerto Sara". "No puede ser, ¡qué dices!, no me lo creo... ¿Qué le ha pasado?" le digo con un nudo en la garganta y sin dar crédito a lo que oía. Luego me enteré que fue un aneurisma cerebral, que se acostó con dolor de cabeza en la víspera de noche buena o Navidad, nunca me quedó muy claro, y que la mañana siguiente, extrañados de que no se levantase, la fueron a buscar a su cuarto y se la encontraron medio muerta. Las horas siguientes fueron horribles. Lágrimas, mucho dolor y una visita express al tanatorio donde pese a verla en el féretro no podía dejar de pensar que todo aquello no estaba pasando, que era mentira. Encima Maru, mi Maru, estaba fuera de Madrid.

La verdad es que no recuerdo cuando empecé a ser amigo de Sara. Fue compañera de colegio desde párvulos y mis primeros recuerdos de ella son de aquel primer curso en el colegio Santa María del Pilar. Siempre tardaba mucho en comer y nos regañaban a los de mi mesa por ello. Luego no coincidimos en clase hasta sexto. Imagino que poco a poco nos fuimos cayendo bien para terminar siendo una de mis mejores amigas desde la adolescencia hasta prácticamente el momento de su muerte. Compartimos veranos en Irlanda, viajes a las fallas a ver a los amigos que conocimos en Dublin, juergas de fin de semana, cumpleaños, partidos de fútbol...

Tuvimos una confianza ciega el uno en el otro. Siempre que a mi me gustaba alguna chica en el cole, se lo decía y ella trataba de echarme un cable. Siempre que ella salía con alguien, me preguntaba a ver qué me parecía. Así fue hasta que perdí el contacto con ella, un año y medio antes de que falleciera. Y todo por una tontería. Mis padres se separaron, y yo quise desaparecer del mapa. No quería dar explicaciones, no quería que me preguntaran. Cuando empecé a salir con Maru, hice acopio de valor, la llamé un par de veces a casa y no la localicé. Quería contarle todo, lo feliz que estaba por haber encontrado a alguien tan especial pero lo duro que había sido para mi lo de mis padres. Sé que esto va a sonar como muy típico, pero un par de semanas antes de la Navidad de aquel 2003, me acordé de ella y me dije que no podían pasar aquellas vacaciones sin llamarla y retomar el contacto. No sé si lo hubiera hecho, pero lamentablemente no me dio tiempo. Lo peor es que sólo yo sé cuanto me arrepiento de aquello, de perder el contacto con alguien que me apreció y a la que aprecié tanto.

Cuando empezamos la carrera y llevábamos un tiempo sin hablar, siempre que volvíamos a hacerlo Sara me "regañaba". "¡Hombre, por fin te dignas a dar señales de vida!". "¡También podrías llamarme tú!" le espetaba yo en tono cariñoso. Nos reíamos y nos contábamos nuestras últimas novedades. Lo que más me duele es que a menudo sigo pensando en que "debería llamar a Sara". Han sido muchas las noches que he soñado con ella desde su muerte. En cada una de ellas siempre me convenzo de que aquello que pasó en la Navidad del 2003 fue mentira, que Sara está viva y que aquello fue un malentendido. Cuando me levanto y me doy cuenta de la realidad, paso un mal día.

Quiero creer que en el fondo son mensajes que me llegan desde el cielo, desde aquella parte que Dios tiene reservada a las buenas personas como Sara, que ella murió pero que también resucitó, y que está bien con el Padre Bueno. Sé que desde allí ella estará muy contenta de verme tan feliz con Maru, que le parecerá fenomenal para mi y que se le habrá pasado el "enfado" por no haberla llamado los últimos meses de su vida. Por mi parte, desde aquí, siempre me acordaré de ella y con un nudo en la garganta recordaré todos los buenos momento que pasé con Sara, una AMIGA con mayúsculas.

1 comentario:

Pedja dijo...

Yo también tengo alguna experiencia parecida y a mi me ha servido para disfrutar mucho de todo, para no enfadarme por casi nada y ser consciete que vivimos ahora mismo, gracias Ferra por recordármelo. Gran post, un abrazo