domingo, 4 de diciembre de 2016

Adam Smith, John Nash, la Responsabilidad Empresarial y las Técnicas para Ligar

Algunas Ideas

Hace unas semanas un magnífico profesor que tengo este trimestre en IESE nos sacaba a colación la fantástica escena de la película "Una Mente Maravillosa" en la que un joven John Nash (interpretado magistralmente por Russell Crowe), premio Nobel de Economía en 1994, se encontraba en un bar durante su periplo en la Universidad de Princeton con unos amigos y aparecen de repente en el mismo un grupo de amigas. Los amigos de Nash, matemáticos como él, comienzan a bromear sobre las teorías de Adam Smith. 

De acuerdo con el el magistral profesor británico de ética y padre de la economía moderna, cuando los agentes en un mercado compiten tratando de maximizar su resultado, se produce una asignación óptima de los recursos, resultando toda la sociedad beneficiada de la misma. Claro, que Adam Smith presuponía que todos los agentes toman decisiones económicas morales, o al menos acordes a la ética, y parte de la premisa de que los mercados son perfectos y no existen asimetrías de información. Admiro a Adam Smith y "La Riqueza de las Naciones" es un libro (o un compendio de libros) maravilloso, pero es cierto que su modelo queda relegado prácticamente al marco teórico. En la evolucion de la economía, y por simplificar todo lo posible, a la empresa se le consideró sustituta de los agentes y además se reconoció que ésta era, ademas, un ente que reducía las incertidumbres en el mercado y que, por lo tanto, cuando las compañías maximizan su beneficio, se alcanza un óptimo de pareto social, en el cual algunas personas mejoran respecto a su punto de partida y en cualquier caso ninguna empeora su estado inicial. Gracias al Nobel que ganó Stiglitz en 2001, sabemos que ésto no es así. Que los mercados en muchas ocasiones alcanzan equilibrios ineficientes.

Pero volvamos a Nash. En medio del cachondeo con sus amigos, se reían diciendo que tenían que ir todos "a saco", a dar lo mejo de si mismos para ligarse a las chicas, como agentes en un mercado, y que compitiendo a tope obtendrían una asignación óptima de los recursos, o lo que es lo mismo, hablando mal y pronto, todos "pillarían". Sin embargo a Nash se le iluminó la cara y dijo en voz alta una de sus frases más famosas de la película: "Adam  Smith se equivocaba". Nash planteaba lo siguiente: si vamos todos como locos a por las chicas, todos iremos de entrada a por la más guapa, y cuándo esta elija, sus amigas considerarán que las hemos tratado de segundos platos, por lo que probablemente pasarán de nosotros. Por el contrario, si nos organizamos, cooperamos y vamos cada uno a por una chica, dejando a la más guapa al margen, las amigas menos guapas se sentirán mucho más valoradas y, además, conseguiremos el objetivo de ligarnos cada uno a una de las chicas. 

Dicho de otra forma, cuando en una economía, los agentes que forman parte de ella cooperan, las posibilidades de éxito aumentan exponencialmente. De aquella noche salió su idea de tesis doctoral y con ella el equilibrio de Nash y toda su teoría de juegos, en la cual, y de nuevo de forma muy resumida, se nos dice que cada jugador desarrolla su estrategia tratando maximizar su ganancia de forma individual en función de las estrategias de los otros, pero que es perfectamente posible que el resultado fuera mejor para todos si los jugadores coordinasen su acción, como Nash sugiere a la hora de ligar.

Quizás el mejor ejemplo de un equilibrio de Nash es la variación del conocido “dilema del prisionero”. En esta versión hay varios jugadores (más de tres). El resultado sería mejor para todos si todos cooperaran entre ellos y no declararan, pero, dado que cada cual persigue su propio interés, y ninguno puede confiar en que nadie declarará, todos deben adoptar la estrategia de declarar, lo que termina en una situación (equilibrio) en la cual cada uno minimiza su posible pérdida. La estrategia de no cooperar es la que minimiza el riesgo de pérdidas y otorga una ganancia media pero segura para cada jugador individual, pero la cooperación maximizaría la ganancia tanto a nivel individual como de grupo.

Cuando comencé mi tesis doctoral hubo dos figuras claves para la misma. Una, Adam Smith, al cul reconozco que tenía entre interrogantes, por cuanto hay pocas figuras académicas cuyo nombre se haya tomado tanto en vano, y otra el profesor Nash. Posteriormente me impactó conocer al profesor Amartya Sen, premio de Nobel de Economía en 1998. Vivimos en una época en la que la norma moral se ha alejado por completo de la norma legal, pero en la que, además, los resultados económicos se han desligado por completo del resultado social. Y cuando desarrollo económico y bienestar no van de la mano, las sociedades tienden a hacerse más injustas, desiguales y a colapsar. Cuando empecé mi tesis, las cosas todavía iban bien y este planteamiento era más de economía global, pero lo vivido desde el año 2008 me ha hecho cuestionarme muchas cosas acerca del papel de las empresas en nuestra sociedad, en una sociedad que, por cierto, es más global, diversa y compleja que nunca.

Creo en una empresa creadora de sociedad, que fomente el desarrollo de las personas profesional y humanamente y pienso que cuando en ésta se dan relaciones de cooperación con los diferentes stakeholders, cuando se compite conforme a la ética y con la convicción de crear valor a largo plazo, no de maximizar beneficios, y vemos a la competencia como un estímulo para mejorar con la que podemos llegar incluso a puntos de encuentro para mejorar las industrias en las que nos movemos, entonces realmente el progreso económico y social se alinean. Como consumidores, inversores, o miembros de una colectividad, debemos entender que en un mundo global en el que los gobiernos siguen siendo nacionales, las personas ejercemos la democracia en nuestro día a día con nuestras decisiones económicas. Los modelos de Nash y las teorías de Adam Smith tenían limitaciones, pero son complementarios. Para que toda la sociedad se benefice de nuestras decisiones económicas y empresariales tenemos que tratar de hacer lo mejor para nosotros mismos... y para la sociedad en su conjunto. Sí, es cierto que a las personas a menudo nos falta información, como también creo que no somos racionales en la toma de nuestras decisiones. Y es que al final puede que el que anduviera fino del todo fuera Descartes, pero esa es otra historia para otro día. Esta crisis, como todas, es de valores, no del sistema en sí mismo.

Así que si durante este puente pensáis salir a ligar, conviene que tengáis a Nash en mente, y si váis a dirigir una compañía, también. A él y a Adam Smith. Al final en mi tesis resultó que sí, que la legitimidad, las acciones de verdadera responsabilidad social (dejemos al margen la filantropía y el ecologismo de tercera), impactan sobre el valor de las compañías bajo ciertas circunstancias. La paradoja de Friedman, aquella sobre la que escribí al poco de iniciar este blog,  parece que se cumple. ¡Se me acumulan los temas! Aquí los contaremos, en El Disparadero. 

 
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miércoles, 9 de noviembre de 2016

Trump

Algunas Ideas

Cuando me he despertado esta mañana y he visto los resultados electorales en EEUU un sentimiento de estupefacción me ha recorrido el cuerpo. Luego confieso que me lo he tomado con filosofía. Trump no es el primer dirigente de este tipo que he visto en puestos de responsabilidad en países, regiones o ciudades, pero impacta que vaya regir los destinos de la primera potencia mundial un tío con estas características. Hillary no era santa de mi devoción, pero lo de este señor me ha parecido demasiado desde el primer minuto, aquel en el que anunció que se presentaba a las elecciones de su país.

No es mi afán hacer disquisiciones políticas de ninguna índole, como tampoco soltar aquí un discurso en favor o en contra de nadie. Ni es lo mío ni tampoco tengo tiempo, que me espera una tarde de estudio del máster cuando menos curiosa. Sin embargo, no quería dejar de apuntar algunas ideas que me llevan rondando la cabeza durante algunos años, algunas de las cuales ya he compartido con vosotros previamente en este blog.

1) Cuando el progreso social y el progreso económico no van de la mano, las sociedades tienden a colapsar: Desde que estalló la crisis hemos visto cómo la destrucción de riqueza ha sido terriblemente asimétrica y que la supuesta recuperación no está llegando a todo el mundo por igual. Esta coyuntura va a seguir generando el auge de populismos de izquierda y derecha por todas partes.

2) Lo peor de esta crisis es que no ha habido moraleja, y los que nos han metido en este lío, los del "establishment" político siguen ahí tan tranquilos. La gente no sólo está harta de su situación, sino de que encima le "chuleen".  No es razonable que todo el paro generado en España, por ejemplo, lo haya soportado el sector privado, que son los mismos que han sufrido las subidas de impuestos. En todo el mundo se ha instalado, o mejor dicho, lleva instalada desde hace unos cuantos años una clase "extractiva" experta en detraer recursos a familias y empresas, fundamentalmente PYMES.  La factura de la crisis está siendo también dolorosamente asimétrica.

3) Me preocupa la intolerancia y la supuesta superioridad moral que se atribuyen los populistas de uno y otro lado. Bajo este prisma se intentan rebatir los dogmas de la otra parte siendo dogmático. Mala receta y mal asunto, porque sólo nos lleva a la confrontación, pareciendo quien hay que justifica la violencia, o cuando menos la contextualiza.  

4) Me da miedo la sensación de que estamos volviendo al pasado: nacionalismos exacerbados, falta de solidaridad entre los pueblos, xenofobia, odio político, etc., pero también a una especie de despotismo ilustrado (todo para el pueblo pero sin el pueblo) por parte de los nuevos partidos que personalmente me enerva al considerar que me están tomando por tonto. No quieren que pensemos, no quieren que tengamos espíritu crítico, no quieren que nos cuestionemos el pensamiento oficial. Nos seducen con palabras que suenan estupendamente y nosotros nos dejamos seducir encantados.

5) Pero por encima de todo lo que creo es que estos "calmantes" en forma de populismos, que es lo que realmente son, no van a valer para nada, por cuanto no se ataca el problema de raíz: nuestros dirigentes están alienados, y en vez de buscar sistemas que puedan mejorar las vidas de las personas, siguen buscando adeptos que les ayuden a perpetuar un sistema que les mantenga en el poder. Los populistas tenían razón en hablar de "casta", la misma en la que ellos mismos se convierten en cuanto tocan poder.


Hay días en los que uno se siente muy de Ortega y Gasset. Que Dios bendiga a América... y les pille confesados.

lunes, 31 de octubre de 2016

Vidas Cruzadas

Pelirrojamente Juntos

El dolor, al igual que los miedos o los vértigos, así como la alegría, la felicidad o el éxito son inherentes a la condición humana. Siempre he creído que uno realmente ha vivido cuando los ha sentido en algún momento de su vida. Así que tan sólo podemos aspirar a gestionar estas emociones de la mejor manera posible. Los buenos momentos siempre se digieren mejor, pero es en los malos dónde realmente se aprende. O se puede aprender. Depende de cada uno. Lo que sí que sé es que cuando uno toca fondo, cuando uno se enfrenta a las tesituras más complejas, es cuando más crece como persona. El elogio nos debilita, los golpes de la vida tienden a hacernos más fuertes. Es una mera cuestión de actitud.

El pasado 14 de julio fallecía mi primo Santi, a quién dediqué el post más sincero que he escrito en los 8 años que llevo en El Disparadero, que se dicen pronto. Como comentaba en aquel momento, me encontraba, como creyente que soy, en pleno camino de Emaús, intentando comenzar a entender los "para qués" de un suceso tan terrible, contra natura e inesperado. Y en medio de ese camino, se cruzó conmigo Bego, quién se prestó a andar conmigo por aquella senda tan tortuosa en aquellos primeros momentos. Resultó que ambos éramos músicos de guardia, ella incluso con estudios en la materia, y que además, curiosamente, cada uno por nuestro lado, antes de conocernos a la salida del funeral por mi primo, habíamos pensado en hacer un concierto para homenajearle y, de paso, apoyar las causas que Santi tanto queria. Para mayor coincidencia, a ambos nos había pedido que le enseñásemos, con poco éxito, por cierto, a tocar "Vidas Cruadas" a la guitarra. Una cena a finales de julio, y una primera toma de contacto en casa de mi madre con una guitarra acústica y un cajón fue el punto de partida. Y a partir de ahí, fuimos de milagro en milagro hasta hace unos días.

Bego reclutó a Ana y a Ceci en primer lugar. Les siguieron Juan y Fer. Por mi parte convencí a Maxi. A los pocos días se unió Pati. Por delante una lista de 30 canciones de Spoty que nos habia pasado mi primo Caku y apenas un mes y medio largo para el concierto que queriamos preparar, por cuanto las obligaciones de todos impedían llevarse el mismo más allá del 22 de octubre. Mis hermanos, los cuales no podían acoplarse a los ensayos por cuestiones logísticas, dijeron que estarían en el mismo con sus respectivos grupos. El día del cumpleaños de mi primo Santi, tras la misa a la que asistimos en su memoria y tras la celebración de mis tíos en su casa, en un acto sencillo a la vez que emotivo, nos dimos cuenta de que habíamos generado, sin apenas haber comenzado a ensayar y moverlo, unas expectativas descomunales. Lo que Bego y yo habíamos pensado que albergaría a 150 - 200 personas, empezamos a vislumbrar que se podía ir con toda seguridad por encima de las 500. Y fue entonces cuando se nos unió Pedro, y con él su hermano Agustín, que fueron quiénes comenzaron a buscar el local, a negociar las condiciones, a hablar con Entreculturas para ver cómo apoyar al proyecto "Creciendo Juntos" y a hacer las entradas. Y de repente Ceci se trajo un día a Marta a los ensayos y ésta con su arte y su generosidad nos hizo multitud de fotos para empezar a darle bombo al asunto. De la noche a la mañana se curró unos carteles espectaculares que hicieron que a todos se nos saltara alguna lagrimilla de la emoción. Ana, que además de cantar como los Ángeles, está terminando su proyecto de Arquitectura, sacó tiempo de donde no lo tenía y creó la página de Facebook del evento aprovechando las fotos de Marta. Y así como quién no quiere la cosa empezamos a ver que eso de las 500 personas tal vez incluso se nos iba a quedar cortos.

Este pequeño milagro en el que se estaba convirtiendo el concierto aún nos iba a deparar más alegrías y sorpresas. Mi tío Carlos, padre de Santi, decidió subirse al escenario a cantar dos canciones, y con él mi primo Juan a la armónica, haciendo alusión al "corazón de oro" que tenía Santi. Mi madre, también tras mucho tiempo sin cantar en público, volvió a coger la guitarra para versionar a Serrat y rememorar las canciones que en familia cantamos cada verano en el santo de mi abuela y que tanto significado tienen en nuestra casa. José Félix preparó un poema y hasta mi hermano Santi se atrevió a tocar el teclado con Kamikazes. Lo que empezó siendo una breve conversación a la salida de una iglesia estaba tomando un cariz inimaginable apenas unas semanas antes, lo cual complicaba maravillosamente todo. Itziar, mi cuñada, nos resolvió el asunto del técnico de sonido con ayuda de Jorge y Pedro, lo cual no era nada sencillo teniendo a 8 personas a la vez en el escenario como ocurría en el caso de nuestro grupo. Sostenless llevó la batería, un ampli de guitarra y otro de bajo y nosotros lo restante. Ya teníamos grupos, artistas y materiales, pero faltaba el lugar. En Madrid, tras la tragedia del Madrid Arena, se han pasado de locales pequeños a otros enormes, pero faltan de tamaño medio. Como decía antes, nada ccomo tener un manager como Pedro y a su hermano Agustín en la recámara.

El sitio elegido fue "Obico", un restaurante enorme, en el cual David, su dueño, nos puso todas las facilidades del mundo para poder adaptar el mismo al concierto. Podíamos meter hasta 800 personas pero, ¿cómo llegar a ellas? ¿Cómo evitar que nadie realmente de los importantes se quedara sin asistir a un evento de tanta magnitud? De repente los voluntarios para vender entradas se multiplicaron. Nos involucramos todos los del grupo y también los miembros de Kamikazes y Sostenless, pero también mis tíos y mis primos, Jacobo, Javipe, su hermana María, Laura, Gus, Álvaro, Mele y su hermana Elena. Cada día, casi cada hora cuando el concierto se iba aproximando, íbamos actualizando información. Ya el viernes teníamos garantizadas casi 700 personas, pero el mismo día del concierto llegamos a temer por no poder acoger a todo el mundo.

Obico tenía 4 pantallas de televisión y se pensó que sería una buena idea preparar unas cuantas diapositivas que se proyectaran en las mismas. Pedí ayuda a María, la cual ya estaba involucrada en todo el tema de las entradas, y a ella le dio igual estar empantanada en proyectos fuera de Madrid o trabajando hasta las mil: cogió el toro por los cuernos y empezó a contactar a unos y a otros, y fue capaz de entre las más de mil diapositivas poner un poco de orden y cordura a las mismas. Para que el montaje del escenario hacían falta voluntarios, y Pedro no tardó en encontrarlos. ¡Todo el mundo quería ayudar! Abel, Álvaro y Edu Olmedo, más Fer, que además de tocar la guitarra y cantar se lo ha currado a lo bestia, y Pedro, el único manager que "baja al barro", aquello quedó impecable. Increíblemente, en 52 días habíamos sido capaces de preparar un concierto para 800 personas.

Durante esos 52 días, en lo que a los músicos se refiere, nos tocó hacer un trabajo ingente. Cuando vi la lista que nos había mandado mi primo, pensé que para prepararlo bien nos hacían falta al menos 3 meses ensayando mucho. Es más, Bego puede atestiguar que mi primera idea era que el concierto fuera en Diciembre. Sin embargo, siempre pensé que Santi nos ayudaría por el camino, que algo bueno saldría de allí. Hay una variable que no se controla y que sin lugar a dudas lubrica todas las relaciones, y es la química. De repente éramos 8 personas cuyas vidas se habían cruzado a raíz de lo sucedido con mi primo. Compañeros del camino a Emaús que encontramos en la música una forma de expresar y canalizar nuestro dolor y sufrimiento por todo lo vivido este verano. Hubo "flow", que diría Maxi, desde el primer momento, y así poquito a poco las canciones iban saliendo. Superamos nuestras propias expectativas llegando a tocar hasta 26 de las 30 de la lista. Ceci de repente sabía tocar el violín y el Oukelele. Juan cambiaba guitarra por huevo y maracas como quién se cambia de camisa. Y Pati con el teclado nos solucionó muchas de las papeletas que aún estaban pendientes. Lo del conjunto de voces ya era una cosa espectacular. Durante la prueba previa al concierto el técnico lo clavó: "¿pero es que en este grupo cantáis todos bien?". Y bueno, lo de Ana es más que bien, la verdad. Otro nivel, que siempre dice Bego. La semana previa yo ya estaba convencido de que aquello iba a sonar de cine. Son ya muchos años tocando, sólo o en grupos, escuchando mucha música y creo que tengo "feeling" para esto. Desde el miércoles 19 yo ya estaba con los nervios de quién sabe que se encuentra ante una fecha grande de la que sólo puede salir airoso.

Faltaban aún dos cosas importantes: una, el nombre del grupo, y dos, el nombre del evento. Ceci propuso que el grupo se llamara "Pelirrojamente Juntos" ya que a mi primo le llamaban el "pelirrojo", pero sobre todo porque sentíamos que el mismo reflejaba en buena medida el espíritu de mi primo, el cual siempre decía las cosas en serío, pero con un toque de humor, medio en broma. Y Juntos porque sabemos que eso es lo que gustaría, que estuviéramos unidos. Teníamos la convicción que desde esa parte del cielo que Dios tiene reservada para las mejores personas, Santi estaría partido de la risa con el nombre. Sentíamos que Santi nos había unido y que el nombre tenía que estar ligado con su persona y con su legado. Disfrutamos tocando y nos acordamos de él al hacerlo. Y respecto al evento, decidimos llamarlo "Vidas Cruzadas", por cuanto entendíamos que al igual que nuestras vidas se habían cruzado a partir de lo vivido este verano, el resto de asistentes al concierto, de una manera u otra, también habrían experimentado algo similar. Lo teníamos todo. ¡Estábamos listos!
Como me gusta decir, lo que sucedió el día 22 de Octubre fue un pequeño milagro que se llevó a cabo gracias a muchas personas que han visto cómo sus vidas han pegado un vuelto a raíz de la muerte y resurrección de mi primo, que han sido capaces de sacar lo mejor de sí mismos a partir de una circunstancia tan dolorosa. Sobre el escenario disfrutamos como locos. ¡Había canciones que ni con el micrófono se nos oía la voz! La gente estaba entregada y nosotros emocionados. Nunca habia expreimentado algo así, pero lo más importante es que se homenajeó a Santi tal y como queríamos, que recordamos su vida a través de sus canciones y sus fotos, y de paso se hizo una gran recaudación para el proyecto de Creciendo Juntos.

Mi tío Carlos me agradeció de corazón todo lo sucedido aquel día, así como me pidió que transmitiera dicho agradecimiento al resto. Como le dije, yo sólo soy la cara visible, una de ellas, de este proyecto. Sin toda la gente que se decidió apuntar a esta "bendita" locura que ha sido este concierto, el mismo jamás hubiera llegado a buen puerto. Desde aquí hago público el agradecimiento de mis tíos a todo el mundo. Pelirrojamente Juntos sigue, ya que en este camino Emaús, nuestras vidas también han cambiado aunque espero que todo el mundo entienda que tras lo narrado, necesitamos un poco de descompresión por nuestra parte.

Y por la parte que me toca, no quisiera terminar sin agradecer tanto a tantas personas: a los "Pelirrojos", a mis hermanos y familia, a mis amigos más cercanos y a los que veo menos a menudo todo el cariño y apoyo en estos meses tan difíciles para mi. Todo lo vivido me ha acercado más a Dios, me ha hecho también mejor persona y me ha permitido desenpolvar una faceta de mi a través de la cual he sido capaz de expresar lo que llevaba tan dentro. Es difícil explicar todo este proceso y tal vez la guitarra haya sido el mejor aliado posible en ese aspecto. Y mi eterno agradecimiento a Santi. Por lo vivido con él estos años, por la compañía de las últimas semanas que pasamos juntos, por las conversaciones que tuvimos y por toda la gente que  raíz de lo que ocurrió aquel fatídico 14 de julio ha puesto en mi vida. Gente maravillosa que ahora sé que han llegado para quedarse. Vidas que dejaste cruzadas, socio, y que, definitivamente, vienen encendiéndose. O al menos así lo percibo. Va por ti...







sábado, 24 de septiembre de 2016

Aprendiendo de los Mejores

Algunas Ideas

El pasado jueves dia 22, mi buen amigo Francisco Alcaide celebraba, ni más ni menos, que la décima edición de su best-seller "Aprendiendo de los Mejores", libro de cabecera imprescindible para todas aquellas personas que tenemos labores directivas en nuestras empresas, así como para todas aquellos que tienen interés en el mundo del management. Recuerdo como si fuera hoy cuando Paco me pidió que escribiera un breve testimonio para la contraportada del mismo hará ya casi cuatro años. Me dejó leer algo y me di cuenta de inmediato que estábamos ante algo diferente, que tenía todos los ingredientes para llegar a ser en lo que se ha convertido. Me alegro infinito por Paco, porque todo lo que dije en aquella contraportada lo pienso. Si Paco hubiera nacido en EEUU probablemente se lo disputarían las mejores universidades del mundo. Es uno de los grandes talentos del management en España, un cerebro privilegiado, un trabajador incansable y sobre todo una gran persona, que derrocha generosidad y humildad a raudales. Tal vez en ello radique el secreto de su éxio. Me enorgullezco de contar con gente como él entre mis amistades, el cual me estimula y me provoca a partes iguales. Sin duda estamos ante uno de mis grandes referentes intelectuales. ¡Qué privilegio tenerle cerca!

Que te llamen para un evento así y que te pidan que hables un poco de tu vida profesional y de algunas facetas de la misma relacionadas con un libro como el de Paco, ya es la leche, pero si encima compartes escenario con cracks de la talla de Álex González Pozo, Director General de Hesperia, Xisela Aranda, siete veces Campeona de España de Squash, José Luis Abajo "Pirri", medallista Olímpico en Pekín 2008, Enhamed Enhamed, ganador de 7 medallas en los juegos paralímpicos de Pekín 2008 y Londres 2012 y todo un ejemplo de superación, Laura Chica, psicóloga, escritora y una de nuestras mayores expertas en el mundo del coaching, así como Alejandro Bataller, Vicepresidente de Sha Wellness, se te ponen los pelos de punta, como fue mi caso. Me sentí como si me hubiera invitado a jugar con el Madrid de los galácticos. Como siempre que me llaman a participar en eventos como éste, os dejo un resumen de lo que fue mi intervención.

Cuando Paco me contó hace unos meses lo que quería organizar y lo mucho que le gustaría que interviniera hablando de mi propia experiencia, empecé a darle vueltas a todo aquello que quería contar. Quería alejarme de lo habitual y no hablar tanto de los éxitos que a menudo tienen las empresas, que es lo típico que se hace en estos casos, sino hacerlo de una parte mucho menos glamurosa, pero clave para entender el desempeño corporativo: las horas de desvelos, sufrimientos, lucha y desánimo que a menudo se dan detrás de todos los directivos, y que precisamente hacen que los éxitos, cuando llegan, sepan tan bien. El cómo afrontemos estos momentos, determina a menudo el éxito de las compañías.

Ser empresario es una profesion de riesgo, y dirigir una compañía es un camino permanente de obstáculos. Quien ejerza labores directivas en una organización y no lo vea así es que tiene la suerte de dirigir a una empresa en un monopolio, o a lo sumo en un oligopolio de cuatro amigos, pero de veras que no es lo normal. Sin embargo, pese a todas las dificultades de la actual coyuntura, debemos pensar que nuestro país, más que 5 millones de puestos de trabajo, necesita 500.000 empresarisos que creen 10 puestos de trabajo cada uno. Necesitamos crear una cultura de emprendedores, circunstancia que en los tiempos actuales no es nada sencilla y creo que en "Aprendiendo de los Mejores" podemos encontrar algunas pistas para ello.

Cuando yo empecé a trabajar, eran otros tiempos. Recuerdo que aún no había terminado la carrera cuando me llegó la oportunidad de incorporarme al mercado laboral a través de unas prácticas en una empresa, la cual me ofreció quedarme cuando me licencié. Me ficharon para un proyecto novedoso que iniciaban en España y para el que contaban conmigo como único comercial. En los 5 años que estuve, logramos captar 5.000 clientes, llegándose a crear una estructura comercial importante dentro de la compañía debido al volumen de trabajo que logramos generar. Sin embargo, cuando pienso en aquella época, no puedo decir que me matara a trabajar. Es más, reconozco que más bien hacía lo justo.

Mi vida cambió en el año 2007, cuando mi abuelo me pidió que me hiciera cargo de la bodega. Recuerdo decirle que creía que era muy pronto, que con 29 años pensaba que una dirección general podía quedarme grande, pero entonces mi abuelo me dijo algo que jamás olvidaré en mi vida: "mira Fernando, en esta vida las cosas llegan cuando llegan, no cuando uno quiere que lleguen". Y ante aquello, decidí que si, que me iba a la bodega. Cuando llegué allí, como se suele decir, vi que aquello no eran lo que me habían contado. Me habian dicho que era una empresa ordenada, con gran éxito comercial y que tenía un equipo consolidado. La realidad es que me encontré una compañía en guerra civil por la sucesión del anterior Director General, a quién sustituía, lo que derivó en que el enólogo y el director comercial quisieran irse (y finalmente se fueran), un éxito comercial que era real, peor muy centrado en el mercado doméstico y en el canal de hostelería tradicional, y una empresa que, como la mayoría de empresas españolas, había llevado a cabo numerosas inversiones en los años previos a la crisis, excesivamente financiadas con capital ajeno, o lo que es lo mismo, demasiado expuesta al sector bancario español.

El día que cayó Lehman Brothers, la cosa se puso "divertida". En cuanto la banca comenzó a salir a la carrera cancelando pólizas de crédito y dejó de haber revolving, empezamos a pasarlo mal. Y cuando la crisis financiera llegó a la economía real, impactando de forma tan brutal en nuestros canales tradicionales, aquello se puso feo de verdad. Cabe recordar que en aquellos años cerraron 50.000 establecimientos. En estos años llevamos 3 refinanciaciones, 2 reestructuraciones de plantilla, varias peleas con la Agencia Tributaria (para contar lo bien que trata Montoro a las PYMES), desinversiones dolorosas y una lucha constante por sacar la empresa adelante. La crisis, sin duda, puso sobre la mesa todas nuestras debilidades y nos obligó a reinventarnos de arriba a abajo. Ocho años después seguimos peleando a cara de perro por sacar adelante a la compañía, con la convicción de que todo ésto será para bien, pero habiendo días en los que a uno lo que le apetecería es tirar la toalla, o aprovechar una visita a casa de mis abuelos para dejarle la llave de la bodega sin que se dé cuenta. Afortunadamente esos días son los menos y me basta un atardecer desde mi despacho con el viñedo al fondo para dar las gracias a Dios y reconocer que soy un privilegiado por tener el trabajo que tengo.

Cualquier que haya leído el párrafo anterior, puede que ahora piense que soy un tío triste y que vivno en un "ay" permanente, pero nada más lejos de la realidad. Me encanta lo que hago y estoy convencido de que todo ésto que estamos viviendo será para algo. A las pruebas me remito. Como decía, necesitamos mimar a nuestros empresarios. Para mi, estas son algunas de las claves para  poder sobrevivir "en tiempos revueltos":

- Tienes que trabajar en algo que te apasione, ir los lunes feliz a trabajar. Yo ya no me veo trabajando en otro sector, y pese a las dificultades, reconozco, como decía antes que tengo una suerte enorme. Trabajo haciendo realidad los sueños de mi abuelo, que ahora también son los míos, el de hacer de PradoRey una bodega incuestionable haciendo vinos de finca, con toda la tipicidad y naturalidad de la Ribera del Duero. Disfruto con mi trabajo, con los retos que me impone cada añada, ante los cuales sólo podemos aspirar a sacar lo mejor de la naturaleza que se nos presenta. Hay que estar enamorado de lo que se hace, tener "hambre" por crecer y mejorar diariamente. De otra forma, tu día te pasará por encima.

- Todo lo que merece la pena en la vida cuesta, se cuece a fuego lento. No hay atajos para el éxito, y a menudo éste es una carrera de fondo. El tiempo nos termina de poner a cada uno en nuestro sitio, aunque a veces sea a muy largo plazo. Hay momentos de dudas y de miedo, de vértigo, pero tenemos que tener claro que eso es inherente a la condición humana, y que lo que nos diferencia es cómo los gestionamos. Nadie nace sabiendo, por lo que no hay que agobiarse, sino vivir esos momentos como de aprendizaje y crecimiento. Nada es en balde.

- Somos el resultado de nuestras creencias. Somos nosotros los que nos imponemos los límites. Si nos llegan a decir hace 8 años que nuestro país iba a llegar a tener una tasa de paro del 25%, que el consumo se iba a desplomar, que los bancos primero iban a cancelar las pólizas de crédito de la noche a la mañana, luego a no prestar y luego a no anticipar facturas, porque buena parte de nuestro sistema financiero iba a necesitar un rescate y / o ayuda del FROB y BCE, que como país íbamos a estar al borde del rescate varias veces y que Europa iba a seguir en el disparadero como lo sigue estando, muy probablemente muchos hubiéramos dejado las llaves de nuestra empresa en el ministerio de economía. Y sin embargo, aquí estamos. Todo parece imposible hasta que se hace. Es así. Y para ello, para afrontar los retos, aconsejo "trocear" el elefante, ir poco a poco, pero siempre sabiendo que lo importante no es caerse al agua, sino saber nadar.

- Las personas no fracasan, bajan los brazos. La gestion empresarial es muy ingrata. En tiempos de bonanza, los ciclos económicos tapan muchas ineficiencias, así como en tiempos de crisis, las buenas gestiones pasan desapercibidas, y así te sientes que nadas, y nadas, y nunca llegas a la orilla.  Sin embargo, si las cosas no salen, si nuestras empresas caen y tú has dado todo lo que tienes, no puedes exigirte más. Esa experiencia te ayudará a ser mejor profesional y mejor persona, porque créeme cuando te digo que las personas somos como las cepas, y cada cierto tiempo, las vides cada año, la vida nos brinda la oportunidad de reinventarnos y dar la mejor versión de nosotros mismos. Por lo tanto, como diría Simeone, el esfuerzo no se negocia, y a partir del mismo, si miramos a la vida con perspectiva, sólo podemos crecer.

Hoy en día dice mi abuelo que acertó con el gerente, y yo no puedo dejar de pensar que si hubiera sabido lo que me iba a encontrar, no me hubiera mandado a la bodega ni de broma. Chascarrillos al margen, me remito al principio cuando comentaba que no quería contar éxitos empresariales rimbombantes de esos que te abruman. Los buenos momentos que hemos tenido en bodega estos años que también los ha habido y los sigue habiendo, saben el doble de bien. Ahí están los vinos, más reconocidos que nunca y con una revolución en ciernes que comienza a percibirse.  Pero por encima de todo,  una cosa es cierta: siempre he creído que el éxito de verdad es vivir la vida que uno quiere, conforme a unos valores y muy feliz con lo que hace. Y quién sabe, mirándolo desde ese punto de vista y pese a todas las dificultades, tal vez sí. Puede que lo que os haya contado en estas líneas no deje de ser una historia de éxito. Me encantará recibiros en PRADOREY para que la comprendáis en toda su dimensión.

Enhorabuena Paco, a por otras 25 ediciones más. ¡Y qué podamos compartirlas!

sábado, 17 de septiembre de 2016

Aunque tú no lo Sepas


Sobre lo Auténtico

Cuenta la leyenda urbana, y nunca mejor dicho en este caso, que al gran Enrique Urquijo le gustaba aparecer de improviso con cierta frecuencia por El Rincón del Arte Nuevo allá por los años 90. Cuentan también algunos de los afortunados que pudieron verle in situ, que aquellos conciertos semi improvisados eran una auténtica delicia. Lo que es seguro es que en aquel mítico garito madrileño, Enrique Urquijo conoció a un chico rabiosamente joven y con un enorme talento que luchaba por abrirse paso en el mundo de la música. Ese chico era Quique González. A partir de ahí, se forjó una amistad entre ambos que duró hasta el día en el que Enrique Urquijo se nos fue de una forma trágica en una fría noche de noviembre de 1999.

En una de sus charlas post concierto en El Rincón del Arte Nuevo, Quique le contó a Enrique las dificultades económicas que tenía para poder grabar una maqueta decente para moverla entre las discográficas  de por aquel entonces. A Enrique se le ocurrió algo. “Escríbeme una canción para mi próximo disco, y con los derechos de autor financiamos la maqueta”. Quique González, mitad nervioso, mitad ilusionado, se pasó las siguientes semanas componiendo, y dicen que cuando se plantó ante Enrique Urquijo tenía cuatro canciones preparadas. La primera que sonó fue “Aunque tú no lo sepas” una preciosa balada inspirada en el poema de Luis García Montero titulado con el mismo nombre. En cuanto el que fuera líder de los Secretos la escuchó, dijo estupefacto ante la joya que le acaban de presentar “es perfecta, no me hace falta escuchar más”.  Apenas unos meses más tardes, Enrique Urquijo publicaba uno de sus discos de culto, de los imprescindibles de la música Española, el que a la postre sería su último álbum de estudio, “Desde que no nos vemos”, en el cual brillaba con luz propia “Aunque tú no lo sepas”. Y tan solo unas semanas más tardes veía la luz “Personal”, el tremendo disco debut con el que Quique González abría fuego en el panorama musical español y ante el que se presentaba, como luego ha ido demostrando, como una de las grandes esperanzas del mismo. 

Pese a contar con el beneplácito de la crítica y llegar a número 1 en algunas radios, a Quique González se le dejó de escuchar pronto. Su discográfica quebró, fue absorbida por una multinacional y a Quique le rescindieron el contrato. Poco después moría Enrique Urquijo, el que por aquel entonces era su gran valedor. A Quique le tocó empezar de cero. Un año y medio después, preguntándome que habría sido de aquel prometedor compositor madrileño, por pura casualidad escuché en el programa de Santi Alcanda en Radio 3 una maravillosa maqueta que presentaba una canción extraordinaria llamada “La Ciudad del Viento”, y en la que el famoso locutor explicaba que Quique andaba buscando discográfica. Mi primera reflexión fue la de pensar que musicalmente nuestro país había perdido el rumbo. Unos meses más tarde, Quique mandó una maqueta grabada en la casa de su inseparable (por aquel entonces) Carlos Raya en la calle Salitre número 48 a la misma discográfica que le había despedido. Los directivos, estupefactos, le volvieron a fichar inmediatamente y publicaron el disco tan sólo regrabando 2 ó 3 canciones, entre ellas “La Ciudad del Viento” para que sonara como single. El resto se publicó tal cual bajo el mítico nombre de “Salitre 48.”

Cuando poco después Quique sacó “Pájaros Mojados”, para el que contó con más medios que nunca, se rebeló contra su discográfica y rompió con ella. Es imprescindible leer su manifiesto “Peleandoa la Contra”, del cual rescato algunas líneas que explican aquello: 

“La música está perjudicada por el sistema. Hemos llegado a una situación en la que la falta de respeto, la comercialización salvaje y la falta de escrúpulos hacen difícil encontrar algo de verdad en el panorama. Hoy sería muy difícil para mi hallar los referentes artísticos que me hicieron agarrarme al sueño de ser músico”. (…)

“Yo quise ser músico porque me volvían loco las canciones que escuchaba cuando me empezaron a gustar las que escribía me puse a tocar sólo en bares. Ocho años después me he encontrado con la esencia de mi oficio al volver a hacerlo. Por primera vez siento que me gano la vida dignamente como músico. Llevo tres meses en la carretera, viajo con mi teclado y mi guitarra. Nunca había aprendido tanto. He tenido mucho tiempo para pensar, y después de abandonar mi compañía de discos por voluntad propia, repaso mi experiencia en la industria y desde que grabé mi primer disco, Personal, en el 98, he pasado por ser una promesa, un desecho, un retorno esperanzador y una tercera oportunidad.” (…)  “Yo quiero hacer canciones sin pensar en singles, marketing ni playbacks chungos en Música sí”

“No quiero participar de esto. No creo que tenga nada que ver conmigo. No quiero salir en esa foto. Ante la posibilidad de firmar por otra compañía me vería en la obligación de renunciar a mi libertad. Y yo quiero que mi libertad sea el motor principal de actuación en mis próximos proyectos” (…) “En conclusión, voy a intentar editar mis propios discos, sin grandes pretensiones, con el espíritu de un artesano que pule sus propias piezas y las vende en su pequeña tienda.”

Y así lo hizo. Tan grande fue su éxito que estuvo en el top 10 de los discos más vendidos con “Kamikazes Enamorados”, su siguiente trabajo y publicado sin apenas medios, entrando directamente al 1 con “La Noche Americana” apenas un par de años después. Poco después a Quique le volvió a fichar una discográfica, esta vez con una hoja en blanco en la que él puso las condiciones que quiso. Fue la época del “Ajuste de Cuentas”. Lo que ha pasado desde entonces está a la vista de todo el mundo.  He pasado de ver a Quique González gratis en el Moby Dick a esperar impaciente su concierto de diciembre en el Barclays Card Center, antiguo Palacio de los Deportes, y todos sus discos no sólo se colocan como los más vendidos durante algunas semanas, sino que salen entre los mejores para la crítica.

Pero por encima de lo anecdótico, hay varias lecciones vitales en la historia que acabo de contar: la primera, hay que tener pasión por lo que se hace. Quique estudió turismo y estuvo trabajando en Londres, pero lo que le realmente le gustaba era la música, y hacia allí se dirigió. La segunda, la importancia de perseverar y no bajar los brazos nunca: peleando a la contra llegará nuestro particular ajuste de cuentas con la vida. La tercera, para ser feliz hay que ser valientes, atrevernos a vivir conforme a unos valores y perseguir con ardor nuestros sueños. Un gran contrato, una buena cantidad de dinero no nos tiene por qué hacer más felices, o como este verano comentábamos por aquí, nos puede llegar a esclavizar. ¡Qué fácil es ser libre y qué difícil nos lo ponemos!  Y la cuarta, y tal vez la más importante, la importancia de la autenticidad, de ser uno mismo, de poner el corazón en las cosas, de guardar la calculadora cuando se trata de sacar el alma, de atrevernos a ser la persona que somos, y no a vivir las vidas de otros. 

El propio Quique González, el que se sonreía tímidamente cuando coincidíamos en los baños de Galileo allá por el año 2000 ó 2001 y le decía “no me jodas, Quique, toca otro día, que mañana tengo econometría y mi padre no me perdona una”, imagino que nunca se pensó que pudiera aparecer por aquí como ejemplo vital, pero es que su historia me la creo. La música es frecuente fuente de inspiración y algunas biografías también pueden llegar a serlo. Como sus canciones, imprescindibles en la banda sonora de mi vida…Aunque él probablemente no lo sepa… 

En una de sus últimas intervenciones televisivas, Enrique Urquijo quisó cantar con Quique González en directo "Aunque tú no lo sepas". El vídeo se ve regular, pero la interpretación tal vez me parece la mejor de todas las que se han hecho hasta la fecha. Ahí os lo dejo, con los pelos de punta por mi parte.



lunes, 5 de septiembre de 2016

Something Good Coming

Algunas Reflexiones

A menudo la gente me pregunta que cuándo es el mejor momento para visitar Ventosilla, y yo suelo responder que desde Mayo hasta Octubre. Entre esos meses el viñedo tiende a ofrecernos un espectáculo sin parangón coincidiendo con el ciclo de la uva. Por San Isidro la planta comienza a mostrar sus hojas, y poquito a poco lo que a posteriori serán las uvas, con cuya recogida dará fin la cosecha de cada año. Por el camino veremos diferentes tontaliades de verdes, unas uvas que se irán tintando, y cuando las hojas estén próximas a caerse, ese color marrón tan característico que confiere al campo en las regiones vitiviníclas un saborío especial.

 Aunque durante todo el año el viñedo me da mucha paz, confieso que es en estos meses cuando lo disfruto más que nunca. Me encanta pasear entre los líneos, correr en perpendicular a ellos por los caminos que los rodean, e incluso montar en bicicleta. A veces, simplemente me basta con sentarme un ratito frente a ellos tratando de arrcanar una mera fotografía que capture un poquito de la belleza del campo. Si encima tienes la suerte de poder hacer un picnic en Valdelayegua, uno de los parajes más espectaculares que conozco, rodeado de gente extraordinaria, amigo, entonces eres un privilegiado. Estás tocado por la mano de Dios y conviene que lo sepas. Al menos así me sentí yo ayer.

Si me guardáis un secreto, os confesaré que de un tiempo a esta parte mis años los cuento de otra manera. Claro que sigo celebrando el 31 de diciembre en familia, con sus uvas (curiosa paradoja) y todo lo que a dicha efeméride le rodea, pero tiendo a pensar en mi vida más por cosechas y vendimias que por los ciclos anuales de enero a diciembre por los que todo el mundo se rige. Lo sé, lo mío con el vino a veces puede parecer un poco exagerado, pero imagino que es lo que hay cuando uno disfruta tanto con lo que hace como yo.  Ahora me hace gracia pensar cómo antiguamente se metían conmigo diciéndome que era un "madrileñín" viendo lo que disfruto yo del campo.

Pero hay más. Y es que en el fondo cada añada es un reto. En función de que hayas tenido una maduración normal, o hayas sufrido accidentes climatológicos de cualquier tipo, en bodega podrás hacer unas u otras cosas. De acuerdo que hay procesos que son análogos y se repiten cada año, pero si realmente quieres sacarle todo el jugo a cada cosecha, debes ser consciente que nunca hay dos que sean exactamente iguales, invalidando cualquier proyecto de estandarización y obligándote frecuentemente a reinventarte. O como me gusta decir, en el fondo sólo podemos aspirar a interpretar de la mejor manera posible lo que la naturaleza nos brinda cada año, comprendiendo, eso sí, que en este mundillo nunca hay nada al azar, y que lo que te vale un año, puede no valerte el siguiente. Personalmente me parece fascinante. En el mundo del vino no hay lugar para el aburrimiento y no puedo negar que me encanta tramar "locuras" con Fran, el enólogo, o incluso dejarme enredar con sus nuevas ideas. Fruit & Flower, Fernando y Fran. Así nos llaman. El hambre y las ganas de comer. Es justo en ese momento cuando te das cuenta que los grandes enólogos son más artistas que ingenieros, y que lo que marca la diferencia entre ellos no es el conocimiento reglado o explícito que se enseña en las carreras, sino el tácito, el que son capaces de incorporar a su hatillo de recursos a partir de la intuición y las experiencias vividas. Realmente ese proceso de creación pone los pelos de punta. Y a mi, como hombre de empresa, me parece una maravilla tener la responsabilidad de gestionar a personas con tanta creatividad. Como me gusta decir, elaboramos sueños con forma de vino. Ahí queda eso.

Siempre que uno sueña, que intenta innovar, hacer cosas diferentes, existen ocasiones en las que las circunstancias no acompañan y que aquello que habías proyectado no sale o directamente sale mal. Incluso hay cosechas en las que sabes que la has "cagado", hablando mal y pronto, y que no te queda otra que nadar a contracorriente... hasta la siguiente vendimia. Entonces la naturaleza, que efectivamente es sabia, te brinda una nueva oportunidad, te da de nuevo un lienzo en blanco con una paleta llena de nuevos colores con los que puedes redimirte de tus errores pasados. Se baja el telón y comienzan a proyectarse de nuevo todos los sueños que caben dentro de una botella de vino. Y si tienes un poquito de sensibilidad, si has tenido un puntito de reflexión acerca de lo que has hecho bien o mal en añadas anteriores, entonces puedes hacer auténticas virguerías.

Como a la cepa, a las personas nos pasa algo parecido. La vida nunca es sencilla y a menudo nos trae sorpresas desagradables que nos condicionan en nuestro día a día. Las cosas no siempre nos salen como queremos y ello nos supone a menudo un auténtico quebradero de cabeza. Pero lo bonito de la vida, lo bueno que tiene la misma, es que como la naturaleza con el viñedo, siempre nos termina dando la oportunidad de jugar un partido de vuelta, de revertir aquello que nos ha dejado tocados y de reinventarnos una y todas las veces que hagan falta. Como me gusta decir, las personas no fracasan, sino que bajan los brazos, dejan de luchar. La derrota, que es inherente a la vida, asumida con actitud y espíritu de lucha, termina siendo necesaria dentro del proceso de aprendizaje de cada persona. Incluso ciertos palos que uno recibe en los partidos que se pierden, a menudo dolorosìsimos, pueden ser un acicate para un cambio a mejor. Un manguerazo de agua fría, lo llamo, que de vez en cuando no viene mal, porque en el fondo, en esta vida, casi todo en esta vida es cuestión de actitud.
 
Que duda cabe que las personas somos contradictorias y ahora que tal vez estoy en profundo examen de conciencia, siento que en los últimos años he estado bastante despistado. Mientras me afanaba en buscar más que nunca la tipicidad de los vinos, la pureza en la expresión del varietal en sus distintas versiones dentro de cada botella, la autenticidad en definitiva, poniendo en valor aquello que supone  la esencia de la uva y del terruño, confieso que me he distraido un poco por el camino de mi vida. Como decía el otro día, me siento en plena regresión hacia lo auténtico. Lo vivido este verano ha sido uno de esos manguerazos de realidad a los que antes hacía alusión y que te brindan una nueva oportunidad de cambio. Arranca la vendimia en unas semanas y comienza mi particular "curso". Creo que esta vez lo voy a bordar. Something good coming, que diría Tom Petty. Vamos a por ello.

¡Va por ti, socio!


domingo, 28 de agosto de 2016

Sobre Personas, Amor y Vinos

Algunas Reflexiones

Una buena amiga mía, en cuanto lea el título de este post se echará unas risas. "Ya está Fernando con sus ejemplos relacionados con el mundo del vino", pensará. Pero es que de verdad creo que hay muchas analogías entre las personas y este maravilloso sector al que me dedico. Bueno, realmente es que creo, como ya he dicho en más de una ocasión, que la naturaleza es realmente sabia y que lo único que ocurre es que pasamos demasiado tiempo obcecados en nuestro día a día sin prestarle atención y obviando las muchas lecciones que nos brinda. Sólo es cuestión de observar y reflexionar.

Por ejemplo, cuando las vides son jóvenes, se comportan como los adolescentes. Son como un saco cargado de hormonas que dan mucha cantidad (kilos) pero tan sólo se atisba su potencial cualitativo. Algo parecido a como éramos nosotros cuando teníamos 17 ó 18 años, que éramos capaces de hacer alguna reflexión interesante en la mesa cuando nos juntábamos con nuestros abuelos, pero que en el fondo andabas más pendiente del plan con tus colegas o de esa chica que habías conocido la noche anterior que de lucirte ante tus progenitores. A medida que avanzamos en la vida, sin embargo, tendemos a ponerle foco a nuestra existencia y a medida que alcanzamos nuestra madurez, comenzamos a sacar lo mejor de nosotros mismos. Lo mismo les ocurre a las cepas, cuando alcanzan los 25 - 30 años y comienzan a dar más calidad que kilos. Otro ejemplo es el de la competencia. Al igual que a las personas nos mejora, nos hace esforzarnos para batir a nuestros rivales, a las cepas les ocurre lo mismo. ¿Os habéis fijado en que algunas veces se deja algo de hierba en los líneos, entre cada hilera de cepas? Cuando la planta tiene que "esforzarse" por captar unos nutrientes que comparte con estas hierbas, el resultado es que termina sacando mejores uvas para hacer un mejor vino.

Pero si hay una parábola por excelencia, si se me permite usar este término, la que más veces he compartido en El Disparadero y con amigos, es la de la analogía entre el vino y el amor. Y es que cuando nos enamoramos y empezamos a salir con esa persona que nos gusta, todo es fácil. Todo es pasión y frenesí. Hay mucha química, pero también mucha física. En el fondo es como beberse un vino joven, blanco o rosado, incluso tinto roble, lleno de fruta y simpleza, con menor grado alcohólico del habitual, fácil de beber, fácil de compartir, fácil de maridar. Es el caldo más apropiado para adentrarse en este fascinante mundo. Ocurre, no obstante, que a medida que te va gustando el vino, te va apeteciendo probar otras cosas, porque los vinos jóvenes tienen su gracia, pero también sus limitaciones. Digamos que no muestran todo el potencial que tiene la uva.

La relación en la pareja evoluciona y aunque siga habiendo esa física y esa química, lo lógico es que poco a poco vayan apareciendo otras inquietudes. Se van compartiendo más espacios y en paralelo también las cosas se van haciendo mas complejas. Sin embargo, a medida que pasa el tiempo, se va también creando una complicidad que te adentra en otra dimensión. Se comienza a disfrutar del amor de otra manera, que si se sabe apreciar, es mucho  más plena. Aquí nos toparíamos con un Crianza, un vino de 12 meses de barrica, en el que la fruta sigue estando presente, aunque a veces para encontrarla hay que dejar "respirar" un poco al vino. La complejidad es mucho mayor, pero también lo son las oportunidades de disfrutar este tipo de caldos. Dónde esté un Adaro de PradoRey o un PradoRey Finca Valdelayegua (y permitidme que barra para casa), que se quiten todos los vinos jóvenes del mundo. El Adaro no sólo es válido para acompañar innumerables platos, sino que es idóneo para celebrar bodas, cumpleaños o lo que se tercie. No entra tan fácil como un vino joven, pero se disfruta mucho más con las comidas y entornos adecuados.

No todo el mundo sabe el origen de la palabras Reserva o Gran Reserva, pero su historia es cuando menos curiosa. Allá por el siglo XIX en Rioja, la gente hacía una "Reserva" de un vino de Crianza en una añada muy buena, o una "Gran Reserva" de un vino de Crianza en una añada excepcional. Eran más una filosofía que una categoría de vino, que es en lo que parece que se han convertido.Su elaboración es mucho más larga y complicada que la del resto de vinos.

Para hacer un Reserva o un Gran Reserva como en antaño, y para que éstos alcancen su plenitud, hacen falta muchas cosas. Lo primero una gran vendimia, en la cual la uva haya madurado a la perfección y llegue en estado óptimo a la bodega. En segundo lugar, una elaboración muy cuidadosa,  que conlleva una supervisión escrupulosa de la fermentación y una selección adecuada de las barricas, permitiendo que el vino repose en ellas con la temperatura y luz adecuadas.  Pero incluso una vez que el vino está en barricas, a éstas hay que manipularlas convenientemente y con mucho mimo. Y así, tras los meses oportunos, que nunca son estándar, sino que depende de lo que el vino va pidiendo, llega el momento crítico, en el que el enólogo coge las barricas en las que ha metido el vino y decide como va a hacer el coupage o mezcla final. Ahí te das cuenta de que el mundo del vino tiene mas de arte que de ciencia. Cuando se ha decidido cuál va a ser ese coupage, el vino se embotella. Y a partir de ahí, puede durar 30, 40 ó 50 años en plenitud hasta que se consuma, pero para ello hay que mimar y cuidar cada botella cada día, por cuanto este tipo de vinos son muy sensibles y cualquier alteración en la temperatura, humedad o conservación, puede hacer que todo el trabajo previo se vaya al garete y el vino se avinagre. Para que un Gran Reserva alcance todo su potencial, además, hace falta paciencia, por cuanto no hay que tener prisa por beberlo antes de tiempo.

Pero cuando logras aunar todo lo descrito, cuando eres capaz de completar el ciclo, amigo, el Gran Reserva es otra dimensión. No hay vinos más elegantes que éstos. La fruta sigue estando, aunque madura y no de forma evidente al menos de primeras, pero la perfecta complicidad entre la uva, la barrica y la botella, con el sorprendente aderezo del tiempo, permiten al vino alcanzar su esplendor, desatándose un éxtasis enológico sin parangón. No son vinos fácles de beber de entrada, pero cuando los decantas, les das su tiempo y los disfrutas poco a poco, te das cuenta de que estás ante algo realmente especial que justifica toda la espera y el trabajo previo. Si te gusta el vino, estos vinos te enamoran. 

Ocurre, sin embargo, que vivimos en una sociedad que en la que se tiende a ir a lo fácil y a lo inmediato, y que cuando las cosas se complican, se tiende a cambiar. Tenemos tantas ofertas en todo, que nos hemos convertido en una sociedad de usar y tirar, incluso en el amor. O traducido al vino, se santifica la fruta y se desprecia la complejidad, obviando, como decía el otro día, que todo lo que merece la pena en esta vida cuesta.  Hacer un Gran Reserva es un proyecto que nace desde la viña y exige todo lo expuesto con anterioridad, lo cual no es fácil, y requiere múltiples esfuerzos para que todo el trabajo llegue a buen fin. Asumo que ha gente que no quiere complicarse tanto la vida, pero a mi me parece fascinante ver cómo mis abuelos se siguen cuidando 63 años después. Yo querría algo así para mi. Y me consta que su camino no ha sido precisamente fácil.

Aún asi, la vida es perra y a menudo nos depara sorpresas morrocotudas, y observas como gente que para ti eran un referente, parejas que parecían sólidas como una roca, terminan también su proyecto mucho antes de lo esperado, incluso sin saber muy bien por qué. Es entonces, cuando busco explicaciones, a menudo recuerdo que en bodega sólo hemos sido capaces de hacer cuatro Grandes Reservas en 30 años. Como decía al principio, la naturaleza es sabia y sólo hay que prestar atención para aprender sus lecciones. ¡Qué difícil es hacer un vino de este tipo y con qué poquito se puede echar a perder!

Hoy a mis 38 observo la vida de una forma muy diferente a la de hace algunos años. Sigo aspirando a hacer de ésta un Gran Reserva como la copa de un pino, pero no quiero que sea una mera categoria de vino, no quiero que sea un vino cualquiera al que meta en la barrica y luego en la botella esperando que el tiempo haga un milagro, sino algo muy, muy especial, un proyecto fascinante que me permita alcanzar la plenitud vital, que me mejore como persona y me realice. Imagino que por eso sigo en búsqueda permanente. En el fondo agradezco que las cosas me hayan ido de esta forma, porque como decía hace unos dias, ahora sí tengo claro lo que quiero. Efectivamente, va a ser verdad que las cosas nos pasan para algo.

¡Salud!